El martes me enfermé y el médico me recomendó reposo de una semana para recuperarme del todo, ya que tenía las defensas bajas, así que cómo últimamente estaba un poco acelerado le hice caso y me tomé una semanita libre de todo lo que no fuera imprescindible.

Como no me iba a quedar en cama pero si adentro, me puse a ordenar un poco esas cajas que uno tiene en la parte de arriba del placard que dicen “revisar”, “a ordenar” o un simple “Marcos”.

Me encontré con un montón de cachivaches de cuando era chiquitito, algunos que incluso estaban empaquetados desde la mudanza —casi 8 años atrás— y otros que se fueron acumulando con el tiempo.

Álbumes de fútbol, figuritas, cartuchos del family, cassettes con grabaciones, proyectos escolares, revistas de lo que uno se pueda imaginar, obviamente el Billiken y el Anteojito en gruesas colecciones y, algo que pensé que no iba a volver a ver, la colección completa de la Revista DINOSAURIOS :D

Cachivaches I
Cachivaches II
Magic Wheel
Revista DINOSAURIOS

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De chiquito me gustaban mucho los dinosaurios, yo no quería ser astronauta, sino mas bien paleontólogo (un Ross cualquiera :P ), así que mi papá me compraba de manera religiosa esas revistas sino había llanto desconsolado por horas y horas :P

También me encontré con los legos, como si no fuese poco con lo de los dinosaurios, también tenía alma de arquitecto y armaba grandes edificios, automóviles, carreteras e incluso me gustaba replicar los mapas de la casa con los bloques.

Y por último abrí dos cajas llena de motores —dínamos—, parlantes, relojes rotos, LED’s, resistencias, placas, y cuanta pieza pudiese haber sobrado de algún intento fallido de cirugía a los electrodomésticos y juguetes de ese entonces.

Recuerdo haber pasado horas y horas jugando con esos cachivaches, armando ciudades con cajitas de remedios y las lucecitas del arbolito que se habían quemado (de manera inexplicable), o recuerdo haber construido un trole-bus con cuatro dínamos y una estructura de madera balsa que encima funcionaba. Si, adivinen quien hacía todos los trabajos de ciencia del cole.

Me llenó de alegría encontrar esas cajas de recuerdos y volver por un ratito a estar sentado en el piso haciendo algún experimento, cortando el telgopor con el cuchillo caliente, armando un cohete hiper espacial o simplemente jugando a las figuritas con los pibes.

Que buenos tiempos.